Una historia cursi, triste, rara. ¡Click en la imagen!

jueves, 4 de abril de 2013

Demasiado lejos. [Relato reflexivo]

Tengo nauseas. Mis ojos se nublan de vez en cuando conforme avanza el reloj. Tic-tac. Tic-tac. Lo hace demasiado lento y mi cabeza da vueltas. Y más vueltas a cada vez, con el final más trágico cerca, mis ojos se van cerrando. Tengo sueño. Quiero dormir, dormir y no despertar jamás. Si pudiera decir todo lo que pienso en estos momentos... Entonces moriría, podría morir en paz. No lo hago. Porque estoy sola, sola entre la gente. Insulsos. Todos me miran a ratos, con lástima. Algunos con odio, ese odio contenido por saber que yo no soy como ellos. Que jamás lo seré. 

Mis pensamientos amenazan con destruirme a la vez que lo hacen las nauseas. Siento una curiosa presión en la garganta y me siento lejos del suelo. Creo que podría irme ahora mismo, salir volando, escapar, huir de todo. Huir de nada... No se puede, no puedo evitar lo inevitable, no puedo fingir que nada sucede. No me importa que aquello que tomo, esas malditas pastillas, sean como una droga, que poco a poco me vayan matando. Es como un suicidio, si me paro a pensarlo, un suicidio a largo plazo. 

Sé que si me pierdo entre recuerdos me dolerá. Pero ya me duele, todo me duele. Me dañan las imágenes cargadas de felicidad, son como cuchillos que se arremolinan entorno a mi alma y amenazan. Amenazan y cortan, y destruyen, y vuelven a juntar para volver a destruir. Y en mi cara, una sonrisa amarga. Porque siento nauseas y no quiero aceptar porqué son. Porque no puedo ayudarme a mí misma. No puedo ayudarles a ellos tampoco. Merecería desaparecer, no soy buena para nada. Nunca seré buena para nada. 

Estoy demasiado lejos.

Y en mi hay odio. Hay rencor por todo el daño que he recibido. Hay una fuerza horrible y desgarradora que se arraiga en las profundidades de mi ser. Está lo que han hecho de mi hasta que han logrado que deje de ser yo para pasar a confundirme entre ellos, con una máscara de sonrisas falsas. Una máscara que oculte mi dolor, mi sufrimiento, mi pena. Todo lo que he pasado, todo lo que pasaré. Mis ojos me delatan, claro, por eso siempre aparto la mirada, tal vez tímida, tal vez deseando que nadie lo note, que nadie quiera hacerse un hueco en mi corazón. No quiero dañarles... No quiero. Quiero que sonrían. Sólo pido eso.

Pero no quiero hablar de mi, no quiero hablar del monstruo en el que me convierto a ratos, sin darme cuenta. No quiero hablar de los amigos que he perdido, de aquellos a los que no volveré a ver.

He hecho promesas. No las estoy cumpliendo, la impotencia me provoca nauseas, la impotencia de saber que lloran, que se sienten mal, que no puedo estar ahí... Que no puedo abrazarlos. Quisiera hacerlo, echar a correr, correr sin parar hasta que mis piernas digan basta. Y entonces ver sus puertas. Llamar al timbre y subir a su piso. Y abrazarlos. Abrazarlos porque me importan incluso más que mi propia vida, porque si pierdo el aliento, si es por ir a ayudarlos, habrá valido la pena. Por cumplir mi promesa.

Lo lamento, lo lamento en lo más profundo de mi alma. No sois felices. Y yo tampoco. Yo no necesito serlo para poder vivir. Quiero que lo sean ellos, por mí. Y a través de sus miradas comprender cómo es descansar en paz, cómo es que no te juzguen. Cómo es sentirse querido.

Siento nauseas y todo me va mal. Y quisiera que no fuera así. Pero lo es. No funciona nada. Y a ella la he vuelto a ver. Y me ha mirado. Y he huido. Y ahora lloro, lloro porque soy débil. No soy especial. Porque estoy demasiado lejos. Demasiado lejos para abrazarlos, besar sus lágrimas y decirles que todo está bien. Y si pudiera, por un instante, esta noche aparecer en sus sueños... Cantaría de nuevo, aunque Azahara ya no esté conmigo. Les cantaría en sus sueños, y les cantaría para que jamás vuelvan a llorar.

Me castigo porque estoy lejos y siento nauseas causadas por el vértigo de verme tan arriba, tan oculta entre las nubes. ¿Por qué no puedo estar ahí? Por qué... simplemente.. ¿Por qué  no puedo ser capaz de ayudar? Sólo eso. Pero estoy lejos, separada por carreteras, edificios, gente que me juzga en silencio. Y tengo miedo, tengo miedo de acortar esa distancia, la distancia que pone la pantalla del ordenador. Estoy demasiado lejos, demasiado para poder sonreír y estirar vuestra sonrisa en una mueca, estoy demasiado lejos para dibujaros, para memorizar vuestros rasgos, para poder haceros felices, para poder... No lo sé. Poner mi hombro, permitiros llorar. ¿Por qué? Me sigo castigando. Y las nauseas no se van, me acompañan. Ver que sufrís, por una u otra cosa, es el mayor horror. El mayor. Junto a saber que yo estoy demasiado lejos... Demasiado lejos.

Por que os quiero. Os quiero y me odio por hacerlo. Os quiero y quiero ver sonrisas, no una luz apagada. Me preocupo. Y es raro, porque yo nunca me preocupo por nadie, porque a mi nadie me importa suficiente como para que mi corazón lata tan rápido ante la incertidumbre. 

No lo olvidéis ni lo dudéis. Sois especiales. Muy especiales. Recordad... 

El mundo es feo, pero vosotros sois hermosos para mí.

Marina Cruz Chueco, 4 de Abril de 2013.

domingo, 3 de febrero de 2013

La leyenda de la luz del Sol [Fragmento]


(Fragmento de la primera parte de "Réquiem por el Fin del Mundo", "Los Condenados". Libro íntegramente escrito por mí.)

—Está claro que no conoce la leyenda de la luz del sol. —se burla Víbora. Lirio le da un codazo y ella simplemente la abraza y besa su cabeza, como algo más que una hermana mayor.

— ¿Leyenda? —estoy confundido, hablan y parece que todos ellos se conozcan desde hace muchísimo tiempo. No puedo seguirles la pista, me pierdo entre insinuaciones y miradas, gestos que parecen entender todos, sin excepción.

—La leyenda de la luz del sol. —Repite Titán—. No tenemos demasiado que hacer… ¿Haces los honores, Lirio? —ella asiente y se aclara la garganta haciendo uso de una especie de barriles de agua que cargan. Están bien provistos de cosas útiles para la supervivencia.

—Presta atención, joven Cuervo, porque ésta es la leyenda de aquellos quienes perdieron la luz del sol, de aquellos que intentaron recuperarla. Es la historia de Snowflake y Maddie.

La solemnidad la cubre, aunque parece mucho más joven que el resto de presentes, desprende una gran sabiduría, incluso tanta como Bruja… No, eso sería una exageración. Pero es extraño porque capta mi atención y me permite sumergirme en su tono de voz, tan femenino y calmado. Cuando empieza a relatar, el resto calla y la escuchan.

—Snowflake (sí, debió suceder por el reino extranjero al otro lado del mar a juzgar por el apodo que se gasta…) era un chico muy distinto al resto de sus compañeros, es más, le llamaban así precisamente por sus diferencias. Su piel era igual de pálida que la del resto del pueblo, pero sus ojos eran oscuros en lugar de verdes o azules, Eso siempre le ocasionó muchísimos problemas, el hecho de tener unos ojos que no se adaptaban del todo a la oscuridad.

»Snowflake vivía en las cuevas, junto al resto de sus compañeros y familia. Muy profundo, en la tierra, donde la luz del sol jamás podría haber llegado. Era un lugar tristón, con apenas un poco de luz artificial de pequeños fuegos fatuos alimentados con la magia de la tierra. Para ellos la vida consistía en, precisamente, criar fuegos fatuos, hacer crecer las pocas reses de las que disponían y, en general, buscar recursos para poder sobrevivir. También aquellos útiles eran su moneda de cambio.

»En aquellas cuevas tan profundas se podía respirar el aroma a muerte y desesperanza. Ya nadie creía que la situación pudiese ser diferente, habían pasado como mínimo dos siglos enteros desde su destierro y pocos o ninguno creían que hubiera un mundo real en el exterior. Meras leyendas. Mientras tanto, claro, en medio de la oscuridad se arremolinaba la sombra entorno a fosos sin fin y goteras peligrosas, estalactitas y ¿Por qué no? Algún lagarto de las profundidades dispuesto a comerse a cualquier niño despistado.

»Allí, los humanos compartían minas con los enanos, que son como ellos pero en chiquitito, pero siempre eran menospreciados por los mismos. Un verdadero infierno, podía resultar, en especial cuando se quedaban sin agua y los fosos acababan incomunicados.

»Aunque ya lo debes saber, condenado, la falta de agua es la peor de las penas. ¿No has sufrido cada vez que te quedabas sin ella?

»Su sociedad era extraña, no había nadie que mandase propiamente pero todos tenían unas reglas que seguir entre las cuales constaba, en especial, la de evitar los caminos ascendentes del norte de la cueva. Nadie preguntaba por qué, todos lo sabían: Quien iba por allí, jamás volvía a ser visto por el pueblo.

»Y pese a ello, todos los niños ansiaban recibir un poco de la luz del sol de la que hablaban las leyendas, una luz que, decían los abuelos de los abuelos de sus abuelos, había sido lo más precioso que verían jamás, cálida como el mejor de los fuegos, dorada y tierna. Maravillas explicaban las únicas tres personas vivas del destierro, acerca de aquella maravillosa luz. Y siempre había algún aventurero que marchaba por aquellas sendas ascendentes en su búsqueda.

» ¿Por qué permanecían enterrados en las profundidades de una montaña o el subsuelo? La respuesta es sencilla, más de lo que cualquiera de nosotros pueda imaginar. ¿Recordáis algo de vuestra vida? ¿Acaso habéis escuchado las historias de Bruja, la cuentacuentos? Dragones es lo que esperaba a la salida de las cuevas. Horribles dragones que habían tomado todo el control del reino de los humanos y los habían expulsado de él tiempo atrás alegando que eran una especie inferior que no merecía vivir. De aquellos desterrados quedaban vivos únicamente tres, dos de ellos eran los sabios que regían el pueblo de las profundidades, el tercero, una mujer, vivía junto a los niños y les explicaba historias, soñadora siempre.

»Y aquí entra nuestro Snowflake. Creció con amigos, sí, pero en cuanto alcanzó la adolescencia, todas las chicas comenzaron a sentir una extraña fascinación por sus rasgos, mucho más bastos y oscuros, tostados, que los del resto de chicos del pueblo. Todas, en secreto pensamiento, creían que él había tocado la luz del sol y podía incluso hacer magia. No era así pero por culpa de ello, sus amigos dejaron de serlo, envidiosos de la atención que Johann –así se llamaba–, recibía. Lo abandonaron en su marginación, siendo su única amiga una chica cuatro años mayor de nombre Maddie, la apodaban Mad-Maddie a veces, ya que desde su infancia había soñado con el exterior e incluso había estudiado cosas acerca de las cuevas ascendentes para poder salir algún día allá.

»A ella recurrió Snowflake. Típico o tópico, así fue. El chico un día, así por que sí, se acercó a la jovenzuela, que estaba hablando con la antigua desterrada, y se introdujo en medio de la conversación. Hacía mucho tiempo que no escuchaba aquellas viejas historias pero tanto le fascinaron, una vez más, que aunque aquella mujer finalizó su leyenda diciendo algo como ‘No salgáis jamás al sol’, él propuso inmediatamente a Maddie su ascenso a la superficie. Y ella no se negó.

»Apenas una semana después estaban completamente preparados para comenzar a subir. No voy a mentir en ningún momento diciendo que les fue sencillo salir del pueblo, poco a poco había corrido la noticia, todos querían estar presentes y sus padres fueron los que más se enfadaron. Pero nadie les pararía, querían tocar de verdad el sol. Querían ser felices como en las historias que se contaban. Querían ser diferentes de todo el mundo para que entonces el trato recibido fuera justificado.

»Más de una chica besó a Snowflake en la mejilla antes de partir y hubo un punto en el cual había tanta gente reunida junto al camino, llorando o riendo por su atrevimiento, que tuvieron que detenerse y comenzar a abrir paso a golpes incluso. Una vez abandonaron el pueblo, nadie quiso que se detuvieran, simplemente comenzaron a olvidarles. La mujer, la sabia mujer, sonrió.

»La primera parte del camino les resultó tan sencilla que creyeron que se trataba de una broma. Apenas hubo ningún obstáculo y el camino era casi recto. Resonaban las gotas entre las paredes y Snowflake permanecía en silencio, a diferencia de Maddie quien no paraba de hablar. Cada trecho eran más de mil palabras de la chica, parecía querer derribar las cuevas a base de taladros de sonido.

»El segundo trecho se hizo más dificultoso porque se les acabó el agua. Caminaron, sin embargo, las cuestas fueron mucho más empinadas y tuvieron que agarrarse de las estalagmitas –aquellas que suben desde el suelo–, para no caer. Snowflake y Maddie se desanimaron muchísimo, no comprendían porqué el camino era tan difícil. Y si pensaban que había sido complicado, se arrepintieron de ése pensamiento de inmediato al ver el enorme lagarto venenoso que se les había cruzado en el camino.

»Para que te hagas una idea, ése lagarto era como un Frusón, pero de color violeta y siete veces más grande. O eso es lo que dicen. El lagarto les bufó y ellos tuvieron que esconderse al no verse capaz de reducirlo. Tras una roca aguantaron muchos días pero Snowflake se cansó de esperar a que el lagarto se marchase así que armado con sus manos se tiró encima de él para reducirlo, matarlo y, tal vez, comérselo más tarde. Sabía que tendría un buen sabor su carne.

»Aunque el desenlace puede haber sido obvio para todos nosotros, no lo fue para él, por supuesto que no. Está claro que no fue sencillo en ningún momento pero el chico se las apañó para montar sobre su lomo, y aún suerte que no se pinchó con las púas. Y cuando pudo haber muerto apareció una mujer con un bastón y le pegó un golpe en el hocico. El lagarto tiró a Snowflake al suelo y salió corriendo. La mujer llamó a Maddie, sabiendo dónde estaba y se los llevó a ambos a su pequeño agujero en la pared. Una vez allí las historias llenaron los oídos de los dos jóvenes, siendo conscientes por una vez de que la aventura emprendida era completamente seria, no un asunto de broma.

»Pero abandonaron la cueva de la bruja, decididos a llegar hasta la superficie y descubrir la luz del sol. ¿Adivinas cuánto tiempo tardaron en lograrlo? Dos años. Dos años completos. Y, finalmente, alcanzaron la salida. No hay finales felices, eso lo sabemos mejor que nadie. Pero cuando éstos sintieron el calor del sol contra sus pieles, pudieron reír y sintieron que, de pronto, la libertad les quedaba grande. Pero les gustaba, sí. Muchísimo, demasiado. El dragón que custodiaba la cueva les persiguió durante más tiempo del que ellos pudieran imaginar pero al final, cansados y mucho más maduros, cansados de esconderse en un mundo donde no había lugar para los humanos, se enfrentaron a sus miedos.

»Snowflake murió en el intento tras asesinar al mayor de los dragones. El resto huyó, sin dejar rastro. Maddie lloró a su amigo y amor durante setenta y siete días, ni uno más ni uno menos. Luego volvió a las cuevas, buscó a su gente y, todos juntos, emprendieron la marcha hacia la superficie, donde el sacrificio del joven Johann no había sido en vano, donde pudieron volver a sentir el sol en su piel. Donde, tras mucho tiempo sin haber sido capaces de reír, lo hicieron. Siempre bajo el cielo azul, siempre con el calor del astro rey.

»De modo que, condenado, cuando creas que odias el sol, cuando te queme la piel, no te quejes, porque será mucha suerte la que corres al caminar tocado por ella. Piensa en el joven copo de nieve, Snowflake, o Johann, como prefieras llamarlo, y recuerda que él luchó contra dragones para que hoy, todos nosotros, podamos disfrutar del calor y la libertad.


Frusón: Lagarto amarillo con púas en la espalda y dientes completamente planos y afilados como cuchillos. Es venenoso.

Marina Cruz Chueco, Abril de 2012.

martes, 25 de diciembre de 2012

Pude perderte [Poesía]


No puedo dormir
(Y la noche pasa)
Se arremolina sobre mí
(Y la noche gime)
Me desvela mi desvelo
(Los antojos, el despertar)
                                       No puedo dormir
                                        (Pude Perderte)


Y mis párpados no pesan
(Pero duelen en tu ausencia)
Y mis ojos ya no leen
          (Las palabras ni las páginas)
Todo se pierde en el silencio
          (La inquietud llega descalza)
                                       No quiero dormir
                                       (Pude Perderte)


Recordando la estupidez
          (Son ríos de oro, sábanas de plata)
Palabras necias flotando en mis labios
          (Desesperando a quien las oye)
El error repentino
          (Lleno de furia y rabia)
                                       No puedo dormir
                                       (Pude Perderte)


Los ángeles saben que juro en tu ausencia
          (Aunque sean los demonios mis testigos)
Que sin ti  me muero
          (Que no hay más salida)
Y ante las dudas dejaré oír la lírica
          (De cada sueño roto en añicos)
                                                 No espero dormir
                                                 (Pude Perderte)




Sin embargo, surge poesía
          (De un lápiz roído, esta noche en vela)
Surge la promesa de un dulce sueño
(Que no estoy cumpliendo. Lo lamento.)
Y admito la culpa ante el corazón roto
          (Y el llanto derramado de  mis ojos)
                                                 No merezco dormir
                                                 (Pude Perderte)


Triste cuentacuentos
          (Pequeña mentirosa)
Tramando las más bellas historias
          (Y relatándolas en pecado)
Que el infierno encadene tu alma
          (Por siempre te mantenga en tu tormento)
                                                 No la dejes dormir
                                                 (Pudo Perderte)


Mi historia real se desvanece
          (Restos de una vieja canción)
Mezclada con el agrio sabor de lo falso
          (Que quema el alma, destroza la piel)
Pensando:
          ¿Todavía me amarás?
          (¿Te quedarás conmigo?)
Cuando sepas la verdad
          (Y entiendas al fin la historia)
Acerca de la vieja cuentacuentos
          (Cansada de cantar)
                                       Quiero despertar
                                       (No quiero perderte)




Y si, tal vez al despertar
          (Cuando el sol despunte en tu piel)
Pudieras tú perdonarme
          (Ángel de alas negras)
Sería tal mi dicha, que
          (Haciendo alusión a la alegría)
Cambiaría entera mi vida
          (Te haría un huevo en ella)
Y dormiría al fin tranquila
                    (Sin pensar en perderte)


Y es que mi historia es triste
          (Pero no especial)
No soy diferente a todas las demás
          (Aunque mi alma pueda)
Y, aburrida como fue mi vida
          (Sé que no lo entenderás)
La tuve que animar
          (Convertirla en un cuento)
                              ¿Me podrás perdonar?
                              (Para No Perderte)


Cuando te amé era tarde,
          (Ya no lo podía cambiar)
Todo lo dicho antes
          (Mentira tras otra / Máscara y sentirme especial)
Mantuve las palabras
          (Temerosa del odio)
Y ahora mismo mi sueño se aleja
          (No puedo dormir)
Sabiendo que a todos he engañado
          (He llamado su atención)
Queriendo brillar por siempre
          (No ser más que un fugaz destello)
                                       No puedo dormir
                                       (Pude Perderte)


[Te miraré una vez más
(Por si fuera a perderte)
Y te llevaré conmigo
(Incluso cuando te alejes)]

Marina Cruz Chueco, Noviembre de 2012.

jueves, 6 de diciembre de 2012

Mi velero Bergantín. [Poesía]


Un disparo, una bala que no puedo parar,
tus palabras, tus acciones
que hieren cada resquicio de mi alma,
Y hacen imposible no llorar.

Sabes que es difícil sentir
que ya no te importo,
que ya no estás ahí para mí.
Y las cosas que vivimos, allá,
vividas quedan, atrás, donde fueron...
que ya no serán de nuevo.

¿Dónde estás? me pregunto;
Ya sé el lugar, la cuestión va más allá
de donde puedas plantear.
Dime el lugar que ocupa tu pensar,
el lugar secreto donde te escondes,
ese lugar al que sin mí siempre vas.
¿Cómo te sientes? aventuro;
Y la respuesta no llega igual.
Es una pregunta difícil de realizar,
saber cómo estás, entender toda
tu realidad, aún sin mí en ella...
¿Serías capaz?

Las luces, intensas, no me dejan ver
ni seguir el camino que deba,
no me dejan y me empeño
en no ser olvidada,
en conseguir que me guíes
en medio del caos,
en medio de mi vida, ésta que,
una y otra vez, me hace caer.

Eres suficiente,
para mí siempre eres más aún,
más que necesario,
más que esperado.
Lo más bello, lo más deseado,
todo lo que siempre he soñado.
Y sigues sin creerlo.

¿Vas a volver junto a mí?
Incluso cuando soy así
y ni yo misma me soporto,
tú te enfadas, te marchas,
me dejas sola, olvidada.
Y yo, triste y rota y desesperanzada,
vuelvo a llorar porque tú
una y otra vez, siempre igual,
me matas pero no me dejas morir.

Y no puedo hacerlo sola
porque mi corazón está contigo,
cada día que pasa, un poco más
cerca de ti, lejos de mí.
Podría caer dormida...
O, simplemente, morir.

Por que te amo, te amo con locura,
y aún pidiéndome que no dependa
del todo de tí.
Que abandone mis sentimientos,
que vuele lejos,
que llegue donde nadie llegó...
No puedo hacerlo.
No puedo dejar de sentirlo
ni quiero hacerlo,
no hasta que mi último aliento
se haya ido.

Me preguntas qué haces mal,
no respondo, sé que no lo entenderás...
Al fin y al cabo, soy yo y no tú,
la chica de los errores,
aquella que jamás entenderá del amor.

Marina Cruz Chueco, 6 de Diciembre de 2012.

martes, 9 de octubre de 2012

¡Publico!

A ver, sé que desaparezco y reaparezco de la nada, que no soy constante, que parece que exista y luego, de pronto, dejo de hacerlo. ¡Qué importa, al fin y al cabo voy a publicar!

Sí, de hecho es todo complicado, todo demasiado reciente e impactante. Estuve enviando el manuscrito a diversas editoriales y todas terminaron acordando lo mismo: demasiado largo. ¡NUNCA es demasiado largo! Sí, todas ellas concuerdan en que es lo mejor que leyeron en mucho tiempo. ¡Qué importa! Éride, una co-editorial, decidió que me publicaría. ¿Y el problema? El problema es que yo tengo que aportar dinero. Pero ¡Eh! que es una publicación.

Voy a propagandizar... Podéis apuntaros al proyecto, aportando 16 euros, creo, os regalaré el libro. Es, básicamente, como si lo compraseis por adelantado y puedo jurar que no os decepcionará. Claro, cualquier ayuda es buena... ¡Pasadlo por ahí! Amigos, familiares, medios de comunicación. Creedme, puede resultar en extremo genial que incluso lo peguéis en vuestros muros de facebook...

http://www.verkami.com/projects/3260-descontrol

Y, como no podía ser de otro modo... ¡Un blog para el libro!

martes, 25 de septiembre de 2012

Miedo [Poesía]


Miedo de perderte,
miedo de, que con el tiempo
mi alma te olvide.

Miedo del mundo,
miedo de que escuches mal de mí
y empieces a odiarme.

Miedo del frío,
miedo de las sábanas vacías
al despertar (si no estás).

Miedo de la noche,
de que las estrellas se apaguen,
de quedarme sola en la oscuridad.

Miedo del destino,
miedo de la comprensión cuando se pierde,
miedo de que dejes de quererme.

Miedo de lo que otros
te digan de mi,
miedo de que lo aceptes,
miedo de que te  marches.

Miedo de perderte al amanecer,
miedo a tu ausencia...
A que seas feliz sin mí.

jueves, 13 de septiembre de 2012

La historia [Crítica y reflexión personal]

Dicen que quien no conoce la historia, está condenado a repetirla.

Pero nadie cuenta qué historia, y, de todos modos, la escriben los ganadores.

Mi pregunta, mi punto de vista, es similar y contrario a la vez. Conocer la historia no significa saber quién o qué, o mejor, cuándo. La historia no es exacta, la historia no es sólo una. La historia son muchas, son diferentes, son las reales y las imaginarias, los puntos de vista... Jamás los puntos objetivos, esos deben quedar descartados.

La historia se escribe en libros. En libros que no son de historia. En libros de aventuras, de ciencia ficción, realistas y fantásticos. En cosas que nunca han pasado y nunca pasarán.

Se escribe donde los curiosos la encuentren y donde aquellas personas diferentes se sientan atraídas. Un aburrido jamás conocerá la historia por mucho que sepa de memoria lo que sucedió en el mundo desde el inicio de los tiempos. Fechas, nombres, lugares, sucesos... ¿Qué importa? ¿Qué importa saber todo eso si no lo entiendes? La historia real, la historia que importa, es la que nos enseña a ser diferentes, no la que se aprende memorizando un libro encerrado entre cuatro paredes.

Por eso se esconde entre palabras, porque sólo quiere ser encontrada por aquellos que merezcan hacerlo, por aquellos que con la suficiente fuerza pudieran repetirla y fallar estrepitosamente, pero en especial para que ellos mismos sean capaces de lograr un mundo mejor. Los que saben moverse, los que sienten que no encajan en nuestra perfecta sociedad, para los inconformistas que jamás van a quedarse indiferentes. Se esconde la verdadera historia entre todo aquello que los adultos no ven, todo aquello que quien ha madurado (según el punto de vista actual) no entiende.

Porque la historia la entienden los niños, y los adolescentes, y aquellos adultos que son capaces de reír sinceramente con las cosas más simples. La historia se centra en cada uno, la historia se centra en novelas, en poesía, la historia es incontable, la historia jamás se podría terminar, pero podemos intentarlo.

La historia es la literatura, la historia es el pensamiento crítico y personal, y el aprender de cada acción errada, hallando el fallo.

Para no repetirlo.

¿Quién diantres escribe ésto?

Mi foto
Escritora y Estudiante de Artes y Diseño. Con un ligero (en realidad grave) trastorno de multipersonalidad y un gran sentido del humor (por lo general negro). Amante de la buena música y el arte en todas sus formas. Fotógrafa aficionada. Cantante desastrosa con grandes ganas de hacer cosas y deseando ser una gran actriz, Vlogger en mis ratos libres y autora del blog "Tinta, Lápiz y Papel".